El 1 de enero llegará con un “regalo” de año nuevo a los franceses: tendrán un nuevo impuesto que puede llegar hasta los 260 euros al año, dependiendo de lo que contaminen sus autos, mientras que vehículos que emitan menos de 130gr/km de CO2 estarán exentos.
Los 260 euros los tendrán que pagar los más “sucios“, es decir, los que contaminen más de 250g/km de CO2, pero lo llamativo de esta medida es que no se aplicará solamente al comprarlo (como la “tasa verde” española), sino que será anual y cada año tendrán que pagar esa cifra. Porque allí, al adquirir un vehículo nuevo contaminante, la penalización por contaminar puede llegar hasta los 2.600 euros, que, unida a este nuevo impuesto, hará que los dueños de determinados automóviles tengan que pagar en cinco años hasta casi 5.000 euros solo en impuestos por contaminar. Con lo que casi de inmediato surge la pregunta: ¿de verdad merece la pena pagar tanto por comprar solo un deportivo o berlina contaminante? Parece ser que para algunas personas sí.
En la anterior noticia decíamos que Francia era uno de los principales escoyos escollos a la hora de retrasar la normativa anti-contaminación, ya que querían que se mantuvieran los plazos y que el próximo año confirmaran el límite de 120 gr/km de CO2 para todos los automóviles nuevos a partir de 2012.
Pero algo debió pasar, porque el primer ministro francés, Nicolas Sarkozy, tras volver de visitar a la canciller alemana Angela Merkel cambió toda la política de su gobierno (que hasta ese momento había apoyado las intenciones de Renault, PSA y de la italiana Fiat, que defendían reducir las emisiones hasta los 120 gramos de CO2 a partir de 2012 y que decían ya tenían las tecnologías listas para lograrlo), y decidió unirse a Alemania para aplazar esos límites, por lo menos, hasta el año 2015. De esta forma el ministro francés se une con los grupos de presión que defienden las medidas más contaminantes.
En definitiva, una mala noticia tanto para nuestra salud como para el clima, y, además, esto supone un retraso para la tecnología, que se quedará estancada unos cuantos años más por culpa de medidas políticas. Lamentable.
Nissan introduce en Japón un programa de compensación de emisiones de CO2 para su modelo más pequeño, el Micra (que en Japón se llama March), consistente en que, por cada March Collet vendido, Nissan compra créditos al programa Carbon Offset Japan. Una tonelada de carbón en créditos equivale a lo que emite el Micra de CO2 durante 8.000 km de conducción, calculada a razón de 122gr/km.
La Carbon Offset Japan es una organización sin ánimo de lucro entre cuyos principios es hacer cumplir el protocolo de Kyoto, firmado en 1997, de limitación de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Si ésto lo hiciera Nissan en Europa, y habida cuenta de que los Micra vendidos en el “viejo continente” el año pasado fueron de 85.642 unidades, estaríamos hablando de que se ahorrarían casi noventa mil toneladas de CO2.
De cómo lleva ésta organización la “recuperación” del CO2 en la atmósfera baste decir como ejemplo que instala paneles fotovoltaicos, restaura hábitats naturales, etc.
El titular, dicho así, parece que está hecho a conciencia y con el único sentido de ser llamativo, pero nada más lejos de la realidad. También puede parecer bastante chocante que aparezca en un blog dedicado al mundo del motor, pero aquí sabéis que (al menos yo) no nos mordemos la lengua cuando tenemos que decir las cosas claras.
Es un dato estadístico que por culpa de las partículas en suspensión, que son las más dañinas y reactivas (y que emiten en mayor proporción, actualmente, los vehículos diesel) haya en Madrid más de 2.000 muertes al año. Aunque las comparaciones sean odiosas (y más en este caso, perdóneseme la expresión), no he podido dejar de recordar las víctimas del 11-M, que no llegaron a los dos centenares, y la movilización general que hubo. Este es un claro ejemplo de la falta de conciencia (no solo de la población, sino, y principalmente, de las autoridades) cuando los que matan son, precisamente, los coches, y no por atropello o por salidas de vía, sino, y lo que casi es peor, por enfermedades que sufrimos todos, los que son conductores y los que no.