Todo el mundo sabe que a partir de una determinada velocidad (en torno a los 90-100km/h) el aprovechamiento de la energía calorífica del combustible disminuye respecto al beneficio por ella obtenida, es lo que se denomina eficiencia energética. Parece ser que esa máxima que estaba bastante clara hace años (y bastantes años, cuando los vehículos apenas superaban, de media, los 150km/h) ha dejado tras de sí el otro extremo: el que se tienda a creer que, disminuyendo drásticamente la velocidad, se disminuirá la contaminación. Nada más lejos de la realidad.
A este respecto apareció ayer un nuevo estudio que viene a demostrar que conducir a velocidades bajas (de 30 a 50 km/h) aumenta considerablemente los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera un 10 por ciento. En este estudio se alerta a las autoridades de que no equivoquen los planes anti-contaminación poniendo normativas que tiendan a disminuir la velocidad hasta estas cifras, puesto que, aunque bienintencionadas, esas normativas causarían el efecto contrario.
Por si alguien tenía alguna duda, los datos vienen a quitarle la razón, porque con la entrada en vigor desde principios de año del nuevo Impuesto de Circulación, que penaliza los coches más potentes y contaminantes (que suelen ser también, además, los más caros), ha hecho que la mayoría de conductores dejaran de pensárselo y adelantaran sus compras de vehículos de este segmento.
Y es que los números están ahí: en el pasado mes de diciembre se vendieron nada menos que 53,7% más de vehículos de lujo que en diciembre de 2006, además de un 50% más de ventas de deportivos, y un sorprendente 118% más de ventas de monovolúmenes grandes. Mientras la tendencia del año en matriculaciones era a la baja, el último mes, con la amenaza del nuevo impuesto, ha hecho que las cifras de ventas de los automóviles más contaminantes se disparen y que, al contrario, los vehículos de gama baja (los que menos contaminan, por regla general) hayan tenido menos matriculaciones este último mes del año.
Ya lo adelantamos aquí a finales de agosto, y aún a pesar de las protestas de fabricantes y asociaciones que creen que con la desaparición del Prever la renovación de la flota automovilística española será más lenta, el Gobierno no ha dado un paso atrás y ha seguido con los planes previstos.
Hasta noviembre de 2007 han sido 262.000 personas las que se han acogido a este plan, que empezó su andadura hace ya once años y que ya contaba con una reducción notable de su cuantía en su último año de vida. Con el Plan Prever desaparecido, coge más protagonismo si cabe el nuevo Impuesto de Matriculación, ya que además de no tener el dinero que nos facilitaba el Prever para la compra de un vehículo, hay que añadir ahora el extra que hay que pagar dependiendo de sus cifras de contaminación, medidas en unidades, como todos ya seguramente conocéis, de gramos de CO2 por kilómetro recorrido.