Lo que no ocurra en España… Alucinados se debieron quedar los Guardia Civiles de tráfico cuando ayer inteceptaron a un conductor que había traído en autobús a 53 jubilados desde Sueca (Valencia) a Galicia, y que llevaba ya con ellos tres días de excursión por las Rías Baixas, al descubrir que no tenía permiso para conducir autobús, ni siquiera carnet de coche, sino una “ridícula” licencia de ciclomotor. Y con la licencia iba tranquilamente -e irresponsablemente- transportando personas por toda España.
Dicho conductor - cuyo autobús pertenece a la empresa Davó- tiene 56 años, y los agentes ya sospecharon cuando se mostró reticente a ofrecerles sus datos y documentación. La Guardia Civil se comunicó luego con el dueño de la empresa y éste dijo que el conductor estaba supliendo al verdadero chófer del autobús, que se había sentido indispuesto antes del viaje, y que no le pidieron el carnet porque “siempre se le vio conduciendo autobuses, incluso llegó a tener él mismo una empresa de autocares“. Los jubilados, por su parte, comentaron también que “conducía muy bien el autobús”.
Si conducía tan bien el autobús… ¿por qué no se sacó el carnet para el transporte de viajeros, como todo el mundo?
La puesta en marcha del carné por puntos, más allá de las cifras estadísticas sobre accidentalidad o de si ha servido o no para que conduzcamos mejor, arroja unas indiscutibles cifras de ganancias para la DGT, lo que, sin duda, ha llevado a que éste organismo pase por sus mejores épocas en lo que a recaudación se refiere. Ahora bien, toda esa recaudación debería ser invertida de nuevo en las carreteras (dotar a la Guardia Civil de Tráfico de más y mejores medios, mejorar los puntos más negros de las carreteras, ofrecer más y mejor información a los conductores, etc. etc. -además de medidas sociales-), y no solamente en “meter más miedo” con los más avanzados radares del mundo.
Cuando concluya el presente año, la DGT recaudará unos 360 millones de euros, según estimaciones del propio organismo, cifra que, si la comparamos con los 192 millones que recaudaron en el año 2005 (cuando no existía aún el carné por puntos) nos puede hacer una idea de lo bien que ha venido ésta medida.
Es a partir de hoy cuando se comenzará a penalizar como delito el conducir sin carné, pero esto ocurrirá en toda españa, excepto en Valencia. Porque la Fiscalía de Valencia ha declarado que no perseguirá a aquéllos conductores que no tengan carné de conducir, pero que, sin embargo, sí posean licencia (el documento que se necesita para conducir ciclomotores). Por ahora, repito, esto sólo ocurrirá en Valencia, de modo que, si no tienes carné (¿?) por lo menos sal con la licencia.
Esto será así mientras el conductor esté a los mandos de un turismo, no si está conduciendo un autobús o vehículo comercial, en cuyo caso sí será perseguido.
Según la Fiscalía de Valencia, el párrafo de la ley (donde dice, textualmente «condujera un vehículo de motor o ciclomotor sin haber obtenido nunca permiso o licencia de conducción») es bastante confuso. Concretamente, el “sin haber obtenido nunca” incluye la licencia de ciclomotor, por lo que, si se posee ésta, ya se tiene un permiso para conducir al poseer unos conocimientos mínimos para salir a la carretera.
¿Eres de los que no puede, no quiere, o teme sacarse el carnet de conducir, pero que, a la par, necesitas uno de éstos tipos de vehículos para desplazarte, cada vez más populares? Pues entonces, seguramente que te encantará conocer las novedades que nos trae el popular fabricante Aixam, uno de los más punteros en éstos automóviles.
Sí, se acabaron, por fin, aquéllos “micro-cars” que parecían cuatro placas de metal mal remachadas, estos nuevos Aixam no tienen nada que envidiar (excepto por el tamaño, lógicamente) a los vehículos más punteros del mercado.
Los tres modelos que presenta Aixam, con un consumo que ronda los 3l/100km, son el City, El RoadLine y el CrossLine, este último un pequeño automóvil que integra una imagen parecida a un SUV. Además, Aixam ha mejorado la seguridad, incorporando elementos probados en “crash tests”, incluso una célula con zonas de deformación programadas, construida en aluminio.
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Se acabó lo que se daba, tal como era previsible, y más pronto de lo que esperamos, la reforma del Reglamento de Conductores trae consigo, aparte del resumen que hacíamos aquí no hace muchas horas, ahora la edad mínima para conducir ciclomotores pasa de los 14 a los 15 años, y para poder transportar pasajeros pasa de los 16 a los 18 años. Es decir, hasta que no se cumplan los 18 años no se podrá llevar a una segunda persona en el ciclomotor.
Una mala noticia, sin duda, para todos los que cumplís 14 años a lo largo de este tiempo, aunque también trae consigo cosas buenas, como la reforma del examen teórico para la obtención del permiso de conducir. Los afortunados que hagan el nuevo teórico tendrán más posibilidades de aprobarlo, ya que se eleva el porcentaje de errores máximos permitidos (hasta el 20% del total de las preguntas), y, además, podrá existir más de una respuesta correcta, y no una y solo una, como hasta ahora (y que a veces daba pie a respuestas ambiguas). En la práctica, esto se traduce a que antes, con el test de treinta preguntas, sólo se permitían tres errores, mientras que ahora se permitirán, nada más y nada menos, que fallar el doble: seis.
En el Foro Policía (un foro que suelo visitar a menudo, todo sea dicho), abrieron la pasada semana un interesante tema del cual quiero hacer eco aquí, puesto que, aunque lleva mucho tiempo pululando por Internet este tipo de “trampas”, siempre cae algún que otro confiado. Se trata de la expedición de la Licencia Internacional de Conducir, una licencia que han de expedirla las agencias o direcciones de tráfico de cada país (en España, la DGT), y nunca, ni por asomo, por Internet.
Me imagino que todos los que os habéis sacado el carnet de conducir últimamente sobre éste particular no tendréis problemas sobre ésto, porque, si la memoria no me falla, en las ediciones de la mayoría de los libros de formación de las Auto Escuelas se explica claramente qué es una Licencia Internacional, el cual es más parecido a un pasaporte (con sus hojas, etc), que a una tarjeta, como lo es la Licencia de Conducción habitual.