
A finales del mes pasado, el periódico New York Times publicó un artículo que está armando bastante revuelo entre defensores y detractores de los automóviles híbridos. Y es que, se veía venir, no iba a ser “oro todo lo que reluce” en lo que a vehículos híbridos se refiere.
Aunque el artículo es inconcluso (los expertos no se ponen de acuerdo entre sí, y dependiendo de a quien le preguntes unos dicen unas cosas y otros, otras), lo cierto es que el peligro es evidente, y en éste mundo nuestro, en donde estamos sometidos a tantos campos electromagnéticos productos de la tecnología que usamos a diario, pudiera ser que los híbridos requieran una protección “especial” (lo que redundaría en hacerlos, además, aún más caros, algo no muy atractivo para la industria del sector) o un “limite de exposición”, algo así como el índice SAR en los teléfonos móviles, que no debiera sobrepasarse.
Según el estadounidense National Cancer Institute, la exposición prolongada a campos electromagnéticos (EMFs: Electro-magnetics fields) aumenta considerablemente el riesgo de padecer cáncer. Esto implica las líneas de alta tensión, por ejemplo, pero no los vehículos híbridos.
No obstante, las estadísticas nos dicen que un número de conductores enfermó desde que adquirieron su vehículo híbrido, como aumentos en la presión sanguínea. Algunos de ellos se preocuparon en medir los niveles de EMFs en sus híbridos y se encontraron con tasas peligrosas, prohibidas en algunas normas internacionales de seguridad.
Publicado por Martin Brown en Alternativos, Seguridad el 3 Mayo, 2008
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