
Todo el mundo sabe que a partir de una determinada velocidad (en torno a los 90-100km/h) el aprovechamiento de la energía calorífica del combustible disminuye respecto al beneficio por ella obtenida, es lo que se denomina eficiencia energética. Parece ser que esa máxima que estaba bastante clara hace años (y bastantes años, cuando los vehículos apenas superaban, de media, los 150km/h) ha dejado tras de sí el otro extremo: el que se tienda a creer que, disminuyendo drásticamente la velocidad, se disminuirá la contaminación. Nada más lejos de la realidad.
A este respecto apareció ayer un nuevo estudio que viene a demostrar que conducir a velocidades bajas (de 30 a 50 km/h) aumenta considerablemente los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera un 10 por ciento. En este estudio se alerta a las autoridades de que no equivoquen los planes anti-contaminación poniendo normativas que tiendan a disminuir la velocidad hasta estas cifras, puesto que, aunque bienintencionadas, esas normativas causarían el efecto contrario.
Y es que los motores de combustión interna no encuentran su ritmo eficiente al trabajar a bajas revoluciones, no sólo se contamina, sino que, además, se desperdicia combustible. Un vehículo que vaya a 32km/h por una calle puede emitir hasta una tonelada más por cada dos kilómetros extra respecto a otro que vaya a un régimen adecuado de motor.
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Referencias: AutoExpress (en inglés)
Publicado por Olaya en Curiosidades el 31 Enero, 2008
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Lo que parece mentira es que aún haya alguien que se crea que rebajar la velocidad lo hacen para contaminar menos. La gente seguirá diendo a la misma velocidad, pero las administraciones recaudarán más dinero con los cada vez más numerosos radares y de paso se ahoran el adaptar las vias existentes al volumen de tráfico actual. Sale mejor quitar vehículos de la via y freirnos a multas que gastarse el dinero en nuevas infraestructuras. Basta ya de calientasillas puestos a dedo en cargos para los que no están capacitados!!