Los coches matan cada año a 2.000 personas en Madrid

El titular, dicho así, parece que está hecho a conciencia y con el único sentido de ser llamativo, pero nada más lejos de la realidad. También puede parecer bastante chocante que aparezca en un blog dedicado al mundo del motor, pero aquí sabéis que (al menos yo) no nos mordemos la lengua cuando tenemos que decir las cosas claras.
Es un dato estadístico que por culpa de las partículas en suspensión, que son las más dañinas y reactivas (y que emiten en mayor proporción, actualmente, los vehículos diesel) haya en Madrid más de 2.000 muertes al año. Aunque las comparaciones sean odiosas (y más en este caso, perdóneseme la expresión), no he podido dejar de recordar las víctimas del 11-M, que no llegaron a los dos centenares, y la movilización general que hubo. Este es un claro ejemplo de la falta de conciencia (no solo de la población, sino, y principalmente, de las autoridades) cuando los que matan son, precisamente, los coches, y no por atropello o por salidas de vía, sino, y lo que casi es peor, por enfermedades que sufrimos todos, los que son conductores y los que no.
La Tasa Ecológica iniciada este año pena sobre todo a los vehículos más contaminantes, lo cual está bien, es un pequeño paso, pero no pena, por ejemplo, los vehículos diesel sin FAP (Filtro Anti Partículas), que deberían ser el siguiente objetivo. Y es que, si nadie hace caso a tiempo, dentro de poco nos podremos encontrar con que directamente se niega la circulación a todos, como ya ocurre en algunos países europeos.
No hay vehículos limpios, no hay panaceas ni coches que funcionen con agua y emitan desodorante por su tubo de escape, eso todos lo sabemos y somos conscientes, pero lo que no somos conscientes es que es un crimen, una falta de civismo, un pecado, que más del 90% de los coches que circulan a diario a primeras horas de la mañana lo hagan solo con una persona en su interior, desperdiciando combustible, energía, recursos… transportando asientos vacíos. Y eso sí que nunca llegaré a comprenderlo. Lo peor es que muchos de los conductores no se sienten culpables por ello y no crean que están echando toneladas de humo a la atmósfera, creando cánceres de garganta y pulmón, por no tener un mínimo de sentido común.
Referencias: El Mundo
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